domingo, 14 de diciembre de 2014
La Crisis cocainómana IV: Cocaína, Corrupción y Crisis
“El ex director general de la Junta andaluza que autorizó los ERE (Expedientes de Regulación de Empleo) fraudulentos, Javier Guerrero, concedió dos subvenciones por 900.000 euros a su exchófer Juan Francisco Trujillo. El conductor aseguró a la policía que “la mayor parte del dinero” lo dedicó “a comprar cocaína” para él y su jefe [Guerrero] y otros gastos como “ir de fiestas y copas”. El conductor detalló ante el juzgado que entregó en metálico entre 40.000 y 60.000 euros a Guerrero. “Cuando Guerrero acababa su jornada iba de copas y consumíamos cocaína a diario pagada con el dinero de la subvención”, subrayó. Ningún funcionario de la Consejería de Empleo andaluza revisó el destino del dinero concedido, tal y como ocurrió con la inmensa mayoría de las ayudas directas a empresas que contaron con 65 millones.” (El País, 9/01/2012)
Corrupción. (Del lat. corruptĭo, -ōnis).
1. f. Acción y efecto de corromper.
2. f. Alteración o vicio en un libro o escrito.
3. f. Vicio o abuso introducido en las cosas no materiales. Corrupción de costumbres, de voces.
4. f. Der. En las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores. (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, 2014)
Según la encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas, un 42,3% de los españoles creía en noviembre de 2014 que el principal problemas del país es la corrupción, tan solo superada en preocupación por la situación económica (82´2%). En diciembre de 2014, esa inquietud había aumentado hasta el 63,8%, el mayor porcentaje en la serie histórica desde que el CIS realiza sus encuestas.
Desde que en octubre de 2011 un 9´2% de españoles considerara la corrupción como problema social hasta el anteriormente mencionado dato del 42´3%, han sucedido muchos casos con fraudes millonarios, muchos prohombres han sido puestos en duda por las autoridades judiciales, muchos escándalos han sido difundidos por los medios de comunicación… ¿Qué ha pasado? ¿De qué manera se ha convertido la corrupción en un problema social generalizado? ¿Qué factores personales, microsociales y macrosociales permiten y justifican la corrupción en España?
España sigue ocupando el puesto 37 de un total de 175 países en el índice de corrupción que publica este miércoles en Berlín Transparencia Internacional. Midiéndonos con los países de nuestro entorno más inmediato, Europa, España ocupa el puesto 19 de un total de 31, pero esta imagen de aprobado raspadito empeora considerablemente si nos detenemos a leer el análisis que esta ONG elabora sobre el problema de la corrupción en nuestro país, que considera "impregnada en el sistema".
La crisis no hecho sino aumentar la percepción de corrupción en España. Si bien en 2014 mejora en un punto respecto al anterior, los analistas de Transparencia Internacional lo consideran solamente un "efecto rebote" tras la seria caída de 10 puestos y 6 puntos que registró en 2013. "La mejora es muy poco significativa", confirma Alejandro Salas, representante de Transparencia Internacional. "España permanece estancada, aunque hubiese apostado por que caería todavía más".
Salas recuerda que "la corrupción no es nueva en España, es un fenómeno histórico. Cuando la economía iba bien, se ignoraba, se vivía con eso como con algo que no molesta. Ahora ya los escándalos no se esconden. Los líderes de opinión hablan de ello y hay propuestas para mejorar. Lo que me llama la atención es que la corrupción en España es muy estructural, muy sistemática. No es propia de un partido, de un gobierno, de una provincia. Está impregnada en diferentes estamentos de la sociedad" (El Mundo, 3/12/2014)
Para definir mejor el problema social “corrupción” y poder vincularlo a otros factores, me inclino por una definición operativa del concepto corrupción que incluya los elementos de “corrupción política” como los vínculos generados, las estrategias elegidas, las formas de intercambio (no solo económico, sino también de poder e influencias), los recursos movilizados (y los inmovilizados a los ciudadanos), bienes intercambiados y formas de institucionalización que forman parte del social. En este sentido, pretendo basarme en autores como Luhmann, Larisa Adler, Emilio Moya, José Félix Tezanos…
Es cierto que la corrupción ha sido un fenómeno recurrente en la sociología española (y de otros países, no es un problema únicamente español o latino), desde un punto de vista funcional y/o estructural. Las adicciones como problema social (Tezanos, 2006) han sufrido una gran evolución tras la aparición en el año 1986 del Plan Nacional sobre Drogas/PNSD como respuesta a la epidemia de la heroína y la drogodelincuencia en la década de los 80. Desde la Teoría del Marcador Sómatico de Antonio Damasio sabemos que la Neurobiología de la cocaína altera, de manera funcional y estructural, la capacidad de tomar decisiones y resolución de conflictos. Estos factores, sumados a características de la personalidad, repercute en las emociones sociales y las capacidades de las personas, muy desarrolladas en aspectos relacionados con actitudes y capacidades propias del consumo de cocaína: mentir, ocultar, distorsionar la realidad, ausencia de empatía... ¿Y si nos estamos encaminando a una sociedad dirigida por una élite que tiene como factor común un consumo exacerbado de cocaína? ¿Nos extrañaría tanto la reacción de nuestros dirigentes y agentes sociales si supiéramos las características y la sintomatología del abuso de cocaína? ¿Nos parecerían tan extraños ciertos patrones de personalidad (narcisistas, histriónicos, antisociales...) si supiéramos su vinculación con el consumo de cocaína? ¿Es casual la correlación entre la explosión de la economía española y el informe UNODC 2006 donde indicaba que España era el segundo consumidor mundial de cocaína? Todas estas preguntas se perderán en el tiempo como las rayas de cocaína se pierden en los orificios nasales de los miembros de los consejos de administración de las empresas españolas en las cacerías organizadas por los políticos españoles.
El carácter multifactorial y sistémico que muestra la corrupción como problema social hoy día en España permite incluir dentro de los factores analizados la conexión entre la corrupción con las conductas adictivas, ya sean con o sin sustancia: desde el consumo de cocaína en la década 2001-2011, incluyendo otros trastornos adictivos con y sin sustancia como son la adicción al sexo, a las Tecnologías de la Información y la Comunicación/TIC´s, la vigorexia, la ortorexia, las compras compulsivas…tanto causa como efecto de la corrupción, para reflexionar sobre si se pueden relacionar ambos problemas, si han coexistido, si se han dado e paralelo o si forman parte de un mismo sistema/comorbilidad.
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