Debo reconocer que esta carta ha sido premiada con el tercer premio en el I Concurso de Cartas "Soy de Tetuán". Según el jurado, "por la descripción del Tetuán antiguo y del actual creando un nexo de unión y de convivencia entre ambos" Estoy encantado, como podéis imaginar. Gracias a todas y todos. XXX Yimi
lunes, 24 de noviembre de 2014
Mi muy querido barrio de Tetuán de las Victorias
Desde que era muy pequeño te he idolatrado. Para mí, desde la distancia intermitente de las vacaciones y las etapas que viví en tus calles, con los consiguientes regresos a la tristeza y vida cateta ausente de actividades divertidas del pueblo (la ciudad pequeña, en mi caso, del sur de Andalucía, lo que viene a ser al sur del sur), vivir en Tetuán, en pleno Madrid, me parecía la mejor de las opciones vitales (¿qué se podía comparar al Rastrillo de Tetuán en vida y movimiento?).
Después, ya adolescente, viví tu explosión urbanística: la transformación de Bravo Murillo, las torres Kio en Plaza de Castilla, el eje de Marqués de Viana…Algo se perdió para siempre con el cambio de ubicación de mi bendito Rastrillo, algo sucio se simbolizó en la renuncia a la identidad del barrio.
Hoy, por circunstancias laborales, he vuelto a vivir en tus calles, ya adulto y con hijos. Te he visto enfermo, Tetuán. De suciedad y de tristeza, de abandono y fracaso. Lleno de personas de todo el mundo que buscaban una oportunidad, ni siquiera El Dorado, que creían que tú se la ibas a dar, que Madrid era esa opción de vida. Promesas que no valen nada. O sí.
Porque sigues dando una lección de vida y cultura. Este ha sido, es y será un barrio hecho por y para las personas, en origen de toda Castilla, después de toda España, ahora de todos los continentes del mundo. Personas que regalan amistad y vida. Un lugar donde no se mira a los demás por encima del hombro.
Hoy tengo esa oportunidad de aprender: mis hijos van a un colegio del barrio donde están representadas dos docenas de nacionalidades, con compañeros que se llaman Hilmaz, Yassir, Honeylin, Nathalie, Matthew…Sus padres son marroquíes, filipinos, ecuatorianos, ucranianos. Tenemos los mismos problemas, las mismas inquietudes: el trabajo, el dinero, el bienestar de los niños, de nuestros mayores. Ayudar a quién lo necesite, cuando le haga falta, sin discursos ni moralina. De corazón, por pura y simple lealtad de barrio. Venga de donde venga, eso no importa.
Mis hijos, en Tetuán, saben cómo se llaman los fruteros, el carnicero, el panadero, el charcutero…Y les llaman por su nombre, y ellos conocen el nombre de los niños. Salimos a pasear y conocemos a las personas, nos saludamos, la gente del barrio, las buenas gentes del barrio.
Porque eso sido siempre Tetuán. Un barrio de personas, más que de calles, de museos, d centros culturales. De personas vivas, para nosotros mismos y para los demás.
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1 comentario:
Bonita reflexión
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