Hacía muchos años que no veía la imagen: una persona vendiendo un paquete de pañuelos de papel en un semáforo por la voluntad. El hombre hacía gestos indicando que el dinero era para comer. En otros tiempos ese recurso estaba reservado a los toxicómanos más tirados que no querían delinquir, bien por miedo a las represalias, bien por mantener algún tipo de respeto hacia los demás ("es triste pedir, pero es más triste robar").
No era el caso. Este señor (porque la educación y las maneras que demostró durante l minuto del semáforo en rojo indicaron que era un auténtico caballero) era de piel oscura, hablaba con marcado acento extranjero y tenía un aroma a desarraigo y abandono que le hacía cumplir bastantes criterios para encajar en la categoría "extranjero".
Lo que hoy en día equivale a decir "excluido": Inmigración+pobreza.
PD: Un niño intentó darle dinero desde la ventanilla del coche. Nuestro señor prefirió perder el dinero antes que poner en peligro la integridad de los ocupantes del vehículo, ya que cambió el color del semáforo durante el tránsito y se volvió caminando a la acera. Un caballero de verdad. Nuestra vergüenza se agiganta a cada paso que da este señor y otros hombres de ley como él.
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