jueves, 21 de octubre de 2010

YONKICRACIA: KLEENEX EN LOS SEMÁFOROS

Hacía muchos años que no veía la imagen: una persona vendiendo un paquete de pañuelos de papel en un semáforo por la voluntad. El hombre hacía gestos indicando que el dinero era para comer. En otros tiempos ese recurso estaba reservado a los toxicómanos más tirados que no querían delinquir, bien por miedo a las represalias, bien por mantener algún tipo de respeto hacia los demás("es triste pedir, pero es más triste robar").
No era el caso. Este señor (porque la educación y las maneras que demostró durante l minuto del semáforo en rojo indicaron que era un auténtico caballero) era de piel oscura, hablaba con amarcado acento extranjero y tenía un aroma a desarraigo y abandono que le hacía cumplir bastantes criterios para encajar en la categoría "extranjero". Lo que hoy en día equivale a decir "excluído": Inmigración+pobreza.
PD: Un niño intentó darle dinero desde la ventanilla del coche. Nuestro señor prefirió perder el dinero antes que poner en peligro la integridad de los ocupantes del vehículo, ya que cambió el color del semáforo duarnte le tránsito y se volvió caminando a la acera. Un caballero de verdad. Nuestra vergüenza se agiganta a cada paso que da este señor y otros hombres de ley como él.

martes, 12 de octubre de 2010

VCPDS: NOLA

Perdón por el retraso, esta entrada estaba escrita antes del fallecimiento de mi abuelo. Espero que os guste. XXX Yimi

Estoy todavía alucinando: he estado en NOLA! La ciudad más excesiva, arrogante, pobre, educada y maravillosa que una persona puede imaginar. Desde que bajas del avión y cambias el aeropuerto internacional de Miami por un aeródromo llamado Louis Armstrong sabes que has llegado a un sitio diferente.
Mi visita ha sido por motivos de trabajo, lo que no me ha impedido patearme a muerte el French Quartier, disfrutar del mercado, del río Missisipi y tomarme un café con jazz del bueno en el Café du Monde. Eso sí, he sufrido la enorme decepción de conocer la miserable Bourbon Street, llena de bares con fulanas, White y Black trash, bares que huelen mal, paletos maltratando canciones de Aerosmith, Foreigner, Coverdale..Bebidas baratas, malas bandas, golfas de medio pelo. Parece una feria de pueblo española.
Miles de imitadores de Louis Armstrong, algunos con más fortuna que otros (grandioso el que canta en el Café du Monde). Músicos callejeros que tocan con el corazón lleno y la barriga vacía, haciendo que “When the Saints are marchin´ on” haga llorar de la emcoión a la persona que te escucha al otro lado del teléfono, a miles de kilómetros de NOLA.
La ciudad es excesiva en todos los aspectos, tiene encanto, para dedicarle un tiempo, seguro; para vivir en ella, no lo sé. Tiene también un punto decadente y egoísta, con los barrios sin reconstruir a quinientos metros de la ciudad de negocios(Tremé es una pura ruina) y los negros colgados en el Riverside viendo los días pasar empapados en los restos de las bebidas de los turistas (también hay algún White trash tirado en la orilla, solo y abandonado a su suerte).
Los parques, los cementerios, los restaurantes…toda la ciudad está llena de música. El Hard Rock café con un traje de Gene Simmons (etapa Destroyer), el House of Blues (por desgracia estaban los Wailers de Bob Marley), los clubes...
NOLA es una aventura que recorrer caminando. Pasear por el Jardín del Bien y del Mal. A ser posible, a medianoche.

jueves, 7 de octubre de 2010

YONKICRACIA: MENDIGOS ESPIRITUALES

Nos hemos quedado desnudos de espíritu. La discrepancia sobre la existencia o no de un Dios, las dudas sobre la capacidad de representación religiosa de los cargos electos por la jerarquía eclesiástica (no confundamos ecclesia con curia) nos ha empujado a una posición laxa donde el soporte existencial se confunde con la razón y la anulación de nuestras emociones. Incluso desde un punto de vista antropológico la pérdida de valores espirituales nos conduce a un callejón sin salida, sea o no religioso.
Es en los rituales de paso donde se comprueba esta hipocresía de manera más clara: existen bautizos civiles (¿qué significa eso, no somos ciudadanos al nacer y necesitamos un rito?) que confrontar con la ceremonia católica del bautismo; las bodas son un enorme paripé socioeconómico carente de amor, de deseo, de ilusión, de esperanza (casi la mitad de los casados se termina separando) en la que la mayor preocupación es cómo pagarla y cuánto dinero se deja en el sobre o en la lista de boda; la primera comunión es una miniboda con enanitos, lo que hace que todo sea mucho más tétrico, como las escenas más horripilantes del mago de Oz; no existen las confirmaciones, supuesto paso siguiente para reafirmarse en la fe, porque no hay fe en estas ceremonias, sino protocolo; y las muertes merecen un capítulo aparte.

No sabemos morir y no sabemos soportar la muerte. El miedo a la muerte es lógico y legítimo; la negación de la evidencia es una estupidez. Tarde o temprano todos tenemos que morir. Lo sepas o no, estés preparado o no, duele hasta el aliento. O lo aceptas o no superas el duelo que conlleva la pérdida de un ser querido. El momento en el que hay que llorar, gritar, sufrir, abrazarse...es en el velatorio y el responso/misa posterior. Todo sufrimiento anterior es ficticio, una manera socialmente bien vista de llamar la atención; todo sufrimiento posterior es patológico, llegando a ser perjudicial y teniendo mucho que ver en trastornos del estado de ánimo, comportamentales y adictivos. Nada ni nadie te consuela, buscas el consuelo en falsos amigos, nada te reconforta, necesitas un remedio. Rápido, por favor.

Nadie nos enseña hoy día a sufrir. Los padres le evitamos el sufrimiento a nuestros hijos por su bien, sin darnos cuenta del mal que ese gesto de inseguridad conlleva. Antes, a los ancianos los ecuchábamos porque tenían la sabiduría del tiempo y nos enseñaban cómo afrontar el malestar y la guerra; hoy los mantenemos vivos de manera artificial con pastillas y tratamientos quirúrgicos para no tener que aceptar que, tarde o temprano, vamos a morir.
Por mi parte esta semana he vivido un ejemplo de cómo se debe abandonar este mundo: en paz con uno mismo y con los demás, en la cama de tu casa y mientras duerme. Una vida digna debería llevar asociada una buena muerte. XXX Yimi

miércoles, 6 de octubre de 2010

LO QUE DE VERDAD IMPORTA

Hoy todo queda aplazado. No hay terapia, no hay investigación, no hay viajes, no hay fotos. Hoy es el día en que despido al último hombre justo. Una persona incapaz de mentir. Un tipo duro, como los de las películas. Un "doppelganger" de Anthony Quinn con la actitud vital de Steve McQueenn: ciclista, motorista, boxeador, actor de comedia, cantante de tangos, perdedor de una guerra, ganador de mil batallas por su dignidad, capaz de levantarse de la cama con 85 años y ponerse a hacer pesas, flexiones y abdominales, de superar el cáncer y el hambre. Espíritu libre cuando esa expresión tenía algún significado. Siguiendo sus propias normas cuando el miedo te obligaba a seguir otros dictados. Cumplidor de los códigos de honor y honestidad, educación y respeto.
La útlima vez que hable con él le explique que iba a viajar a Nueva Orleans durante una semana y que no se le ocurriera morirse mientras yo estaba fuera. Con el hilillo de voz que le quedaba me dijo: "Vale".
Yo regresé el lunes por la tarde. Mi abuelo Martín falleció el martes por la mañana.

Un héroe, mi héroe. Único y genuino. Descansa en paz, campeón. Te quiero mucho, que no se te olvide nunca. Te quiero y te querré.

MARTÍN FERNÁNDEZ FLUÍTERS
Madrid, 1916-Motril, 2010