Actualmente, y de manera muy interesada, se ha creado un ambiente de miedos y dudas sobre nuestra posición social y las posibilidades de mantenerla, el mensaje de tener que renunciar por el Bien común ha calado para convertirse en aceptar el perder un poco de lo que has ganado con mucho esfuerzo para ayudar al que lo ha perdido todo. Porque hay personas que lo han perdido todo y lo sabemos, Con desesperación absoluta.
La deseperación nos hace tener que confiar. Pagamos con nuestra sangre y lágrimas por un refugio en el que sentirnos protegidos. Por encontrar unos ojos que velen por nosotros.
Pero la institucionalización de la desigualdad provoca la creación de sectas que no son de afectos, sino de intereses. El sentido de pertenencia es por ganancias, no por compromisos. Se pertenece a una casta, no a una sociedad en conjunto. Por pertencer a la casta se gana o se pierde, pse lo que pase. La casta dominante ha aumentado su poder en la crisis actual. Han ganado, nosotros hemos perdido.
Si no podemos confiar en las personas que deben velar por la Justicia, la Igualdad, el Respeto...¿en qué podemos confiar?
Hay enfermos de poder entre todas las escalas sociales y gremios profesionales: médicos, abogados, jueces, políticos, empresarios, policías, sacerdotes...¿cómo podemos saber quién es digno de aprecio?
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