martes, 22 de junio de 2010

YONKICRACIA: LA MODERNA ESCLAVITUD

Para que hay poderosos tienen que existir excluidos y parias. Se les vuelve a ver reunidos en los parques, esperando que les den una peonada en el mejor de los casos, en la peor de las situaciones en una situación propia de la indefensión aprendida, en la que el ratón del laboratorio se queda esperando sin hacer nada a que le den el calambrazo en forma de abusos y amenazas.
"Durante muchos años mi hermano y yo nos hemos aprovechado de las chicas que trabajaban en nuestros invernaderos: las amenazábamos con no volverlas a llamar si no se dejaban. De esa forma nos lo hemos montado con unas ´chicas preciosas de todos los países: rusas, rumanas, lituanas. polacas...
Mi hermano se lo estuvo montando un tiempo con una chica preciosa, la obligaba a hacerle de todo para no echarla del trabajo. Se reía contando cómo se lo montaba con ella. Con el tiempo la conocí mejor y me enamoré de ella, es muy buena muchacha, culta, educada. Ahora estamos juntos y no me puedo quitar de la cabeza la imagen de mi hermano encima de ella"
Este tipo de desigualdad tiene dos justificaciones sociales de gran calado:
- una es la identificación entre poder y dinero, falsa identidad ya que el poder económico se ve supeditado en muchas ocasiones a la capacidad coercitiva. En la práctica, los que recurren a estas estrategias para dominar al otro no dejan de ser personas que utilizan el terror, o sea, terroristas.
- La otra excusa social es el intrapsíquico que nos han inculcado sobre la posibilidad de convertirte en un dominador si aprovehcas tus oportunidades mientras eres un dominado. Esta falacia se sustenta en la idea burguesa de ascención en la escala social mediante el lucro en los negocios. En la práctica ese ascenso es más una cuestión de imagen pública que de poder monetario: hay personas que deben miles de millones y mantienen un estatus privilegiado; hay ricos de pudrirse que no son públicamente de fiar.

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