domingo, 2 de mayo de 2010

MATERIALISMO Y DROGAS: LA FALSA IMAGEN DE LAS SUSTANCIAS

¿Y si las drogas tuvieran alguna raíz socioeconómica? Normalmente el análisis de la situación de los consumidores en Andalucía se realiza en términos sanitarios, psicológicos y, en ocasiones, de inserción sociolaboral. Escasamente se observan análisis antropológicos (especialmente de factores culturales), económicos o sociológicos. La Ciencia Social debería plantear una opinión sobre las adicciones en general y desarrollar una adaptación de la situación a la realidad andaluza.
Aspectos como la necesidad de estatus o refuerzo social, el mercantilismo de las drogas, la aparición y proliferación de las “smart shops” (tiendas de productos relacionados con el consumo y producción de sustancias), los supermercados de accesorios de consumo (pipas, mecheros, botellas, papeles…), las camisetas de la apología del consumo (especialmente poderoso es el “lobby” del cannabis), la música del consumo, por el consumo y sobre el consumo…¿Cómo se explican todos estos elementos relacionados con el uso de sustancias como el cannabis o la cocaína de una manera puramente médica o psicológica?
Desde un enfoque procesual, la utilización de estas sustancias se puede plantear como un proceso público (no oculto para los que lo hacen) que afecta al grupo que se identifica con ese comportamiento. Este proceso tiene unos objetivos asumidos de manera expresa o tácita por los componentes. En ese contexto procesual, podemos hablar del manejo, el acceso y el consumo de sustancias como una cuota de poder dentro del grupo. Ese poder, en términos de Antropología Política, se definiría como la capacidad de cumplir los objetivos, vamos, de seguir consumiendo. Por eso, los líderes de estos grupos no se suelen elegir por capacidades personales o intelectuales, ni siquiera por carisma. El poder, en estos grupos, se asocia a la cantidad de marihuana, cocaína, éxtasis…que puedas conseguir. Se añade a esta definición de poder la parafernalia y simbología asociada y tenemos un factor social no muy diferente en interpretación de otros movimientos colectivos. Eso sí, con ciertos efectos secundarios que pueden convertirse en muy problemáticos.

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