Una vez, en lo alto de un monte feo, lejos de mi casa y rodeado por las vistas feas de una ciudad fea, miré al horizonte y respiré profundamente hasta que me dolieron los pulmones y el corazón.
Entonces se me acercó un ángel, me sonrió y me preguntó: "¿Cómo estás?". Yo la miré, le sonreí y contesté que, por primera vez en mucho tiempo, estaba tranquilo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario