domingo, 10 de enero de 2010

CANCIONES DE HIEL Y RABIA

Le doy las gracias a las buenas gentes de la Federación de Alcohólicos Rehabilitados de España/FARE que han tenido a bien publicármelo. También a mi hermano en la Investigación Internacional Francisco Montero Bancalero, el gran Fran de www.auladealcoholismo.es, que también los colgó en su maravillosa página.
Espero que os gusten (o por lo menos que os hagan pensar un poquito).

CANCIONES DE HIEL Y RABIA
No sé ni qué día es. Me levanto con la boca seca y los labios agrietados. Los dientes me rechinan, he debido estar vomitando toda la noche. Sí, hay restos en la cama que los demuestran, ya puede venir el CSI y recoger las muestras de ADN.
Lo que no tengo ni idea es de dónde estoy ni de cómo llegué aquí. Parece que la noche fue movidita, me duele justo encima del ojo y tengo rota toda la camisa. Por suerte no me acuerdo de nada de lo que pasó. De momento.
Ya sé qué día es. Es miércoles y son las 3 de la tarde. Llevo bebiendo desde el sábado. Estoy en mi habitación, en mi casa. Sigo sin saber qué ha pasado.
Creo que se me está empezando a ir la olla. O igual hace tiempo que se me empezó a ir y ahora la he perdido del todo.
“Somos el club del alcohol…”
Danza Invisible, “El club del alcohol”
Era divertido beber. Era como una excusa para divertirte con tus amigos, era como una fiesta continua donde había risas, bromas, juegos, chistes, chicas…y priva, mucha priva.
Al principio no era mucha, era más inocente que real. Cervecitas, vino del pueblo, tintos de verano…Nunca fue serio, nunca pareció serio. Era gracioso ver quién caía borracho por primera vez, a cuál de nosotros le sentaba peor ese día y potaba hasta los higadillos rodeado por un corro de húngaros que le gritaban y jaleaban como el héroe del día, a quién en plena borrachera le daba el chute de euforia y se lanzaba a por esa chica a la que llevaba mucho tiempo admirando sin ser capaz de decirle ni una palabra, cómo a ese mismo tipo la chica solía rechazarlo cuando se le acercaba trompa y baboso perdido y entonces había otra excusa para seguir con la fiesta (por un amigo se hace lo que sea). Éramos unos críos, éramos inocentes; éramos tontos y nos creíamos graciosos. Éramos unos inconscientes. Hoy lo sé, no necesito que nadie me lo diga como algún padre nos lo dijo en aquella época:”Mira los culo cagaos éstos yendo de borrachera”. Y nos reímos del comentario. Qué listos éramos.
“Litros de alcohol, corren por mis venas, mujer,
No tengo problemas de amor, lo que me pasa es que estoy loco por privar”
Ramoncín, “Hormigón, mujeres y alcohol”
Como toda banda necesitábamos nuestros himnos y nuestros héroes. Los himnos solían ser las grandes canciones de grandes borrachos, como a nosotros nos gustaba creernos: mediocres nunca, siempre al máximo. Nuestros héroes eran esos mismos borrachos, sumados a algún yonki y mezclados con algún literato o filósofo con ínfulas. Supongo que nos gustaba divagar y toda la grandilocuencia de nuestros mitos se transformaba en verborrea y disparates saliendo de nuestra boca. Pero es que éramos unos críos, inexpertos, inmaduros y que deseaban aprender a vivir a cualquier precio. Y ese coste era muy pequeño cuando tienes amigos con los que compartir experiencias. Ese fue el mejor de los tiempos. Todo lo malo llegó después. Ojalá siempre se hubiera quedado en divertirte con los colegas del barrio.
Llegaron las novias, llegó el ¿amor? Creo que lo que sentía en aquel momento era deseo y encaprichamiento, más que elevarlo a tan altas cotas. No llegué a conseguir esos sentimientos tan sublimes que algunos de mis compañeros sí sentían. Quizás la vergüenza me comía en algunas ocasiones. Quizás era que no sabía cómo hacerlo. Alguna vez quise decirle a alguna chica que me gustaba mucho. La primera vez que los hice me tome unas cervezas para envalentonarme. Me salió bien. En realidad, me salió fatal. Aprendí a no esforzarme, a no sentir mariposas en el estómago ni que se me secara la boca ni a atrancarme y no encontrar las palabras…A partir de ese momento dejé que mi valor dependiera de las copas que tomara. Mal hecho. Muy mal hecho.
Ene se momento empezó mi lenta y progresiva caída libre. No me lo podía ni imaginar. Con lo chulo y listo que me creía yo en ese momento. Con lo que me pavoneaba delante de mis amigotes. Madre mía, que equivocado estaba.
“Beber, beber y bailar, y si solo se puede beber pues solo beber (y whisky viene y whisky va)”
Ciudad Jardín, “Beber y bailar”
Viernes o sábado. De noche. Salir arreglado y preparado para divertirte de casa. Empezar por beberte unas cervezas con unas tapas. No comerte las tapas para que se te suban mejor. Beberte una nevera de cervezas, empezar por rubias, continuar con negras, mezclarlas con chupitos, seguir con copas, terminar con tragos largos con hielo. Beber hasta emborracharte y perder la conciencia. Follarte a otra tía tan borracha como tú y de
la que no sabes el nombre (o no te acuerdas) en un portal (¿tu casa? ¿la suya?). Jurarle que al día siguiente la vas a llamar. Mentira. Todo es una gran mentira.
Tirarle los tejos a una amiga de toda la vida que te tenía cariño y estima cuando estabas sobrio. Intentar follarte a la hermana de un amigo que conservabas desde el colegio y que te tenía aprecio. Los dos te tenían aprecio. Pelearte con uno que piensas que te ha mirado mal o que te parece que no te ha mirado.
Bailar como un zombi. Creer que estás bailando cuando solamente arrastras los pies y te caes al suelo de pura borrachera.
Llegar a casa hecho una mierda, sucio y derrotado. Comer como una bestia antes de acostarte. Meterte en la cama, correr hacia el baño y vomitarlo todo: alcohol, comida, bilis…
Bienvenido a una noche de fiesta. Qué divertido.
“Celebrate, the party is over, I´m going home…”
(Felicidades, se acabó la fiesta, me voy a casa)
An Emocional Fish, “Celebrate (party is over)”
Cerrar todos los bares. Acostarte el último. Beber más que nadie. Beber cada día más, beber, vomitar, volver a beber. Besar a una chica con olor a vómito en el aliento. Vomitar y follártela en el mismo sitio donde has vomitado. Pelearte con quien sea por cualquier cosa, hasta hacerle sangre, hasta que te parten la cabeza. Ver como a un amigo le destrozan la cara con el candado de una moto. Beber. Desinfectarte una herida con tequila. Continuar la fiesta después, orgulloso de tu hombría.
Hay una hora de la noche en que el cajero automático te invita a copas. Después, al día siguiente, no tienes ni un duro, hay un puñado de papeles con los datos del banco en tu bolsillo y te van a cargar un montón de dinero de intereses. Ya lo has jodido todo. Ahora te toca mentir y lloriquear para que el banco no te embargue hasta el aliento.
“One scotch, one bourbon, one beer”
(Un whisky escocés, un bourbon, una cerveza)
John Lee Hooker, “One scotch, one bourbon, one beer”
Aburrirte todos los días. Esperar al fin de semana. Tirarte toda la semana planificando lo que vas a hacer. Ir al supermercado, comprarte una botella de escocés, una botella de
Kentucky y una caja de latas de cerveza. Tomarte el pulso mientras lo compras todo. 180 pulsaciones por minuto en reposo. Se te va a salir el corazón por la boca. ¿Y si te echas una cerveza antes de pasar por la caja? Al fin y al cabo, lo vas a pagar todo.
Nada más emocionante que beberte Escocia en un vaso. Al principio poco a poco, con un refresco, después en vaso largo, al final a palo seco. Con el resto de la canción cambias el sabor de tu boca y ayudas a que se te suba o se baje. Mentira, estás tan trompa que no sabes ni lo que te estás tomando.
Aprendí a combinar bebidas en las borracheras: un tipo de priva hace que se suba otra y la cerveza sirve siempre para rebajarla. Aprendí a disfrutar de las resacas y tomarte una caña para seguir colocado. Consumir más whisky después de la cerveza para tener el cerebro en una nube tóxica. Seguir con este ritual hasta no poder más. Olvidarte de todo para no tener que dar explicaciones. Caerte al suelo, quedarte dormido.
Levantarte y volver a empezar. Una y otra vez.
“Remedy is all I need”
(Un remedio es todo lo que necesito)
The Black Crowes, “Remedy”
Llegas a un punto que la priva es tu medicina. Se convierte en tus analgésicos, tus antidepresivos, tus ansiolíticos, tus antipsicóticos…A partir de ese día tú no le vas a contar tus secretos a nadie porque piensas que nadie te puede entender. Además has llegado a un punto en el que no sabes ni por dónde empezar. A partir de ese día tú lo que quieres es evadirte por un rato, escapar de tus pensamientos, olvidarte de ti mismo y de todos los que te rodean. Y ya sabes cómo conseguirlo. Y rápido.
Llega un momento que nadie te tiene que invitar a tomar una copa. Hay un día en que has tenido un problema y bebes. Te has peleado con un compañero y bebes. Te sientes solo y bebes. Te duele el estómago y bebes. Te duele la cabeza y bebes.
Hay un día que el Real Madrid gana un partido de fútbol y antes de que el árbitro pite el final tú ya te estás vistiendo para salir a recorrer los bares hasta inflarte.
Llegas a un punto en que si tienes que elegir entre quedar con una mujer o quedarte solo en casa decides no complicarte la vida y no llamas a nadie. Tú ya tienes una cita. Con una botella de algo fuerte que te ayude a no ser tú por un momento. Por unas horas.
El día que sabes que has perdido los papeles es aquel en el que te sientas en el sofá de casa y sin ninguna excusa te clavas poco a poco una botella de cualquier cosa. Sin hablar con nadie. Porque sí.
“I´m just Doctor Feelgood and I´ll be your Frankenstein”
(Tan solo soy tu doctor Curalotodo y seré tu Frankenstein)
Motley Crüe, “Doctor Feelgood”
Hay un salto grande en tu relación con la bebida y es cuando empiezas a tomarla directamente de la botella. Ya no te hacen falta vasos como intermediarios, ya la relación con el alcohol es más que íntima.
Por fin llega un momento en que no necesitas familia ni pareja ni amigos ni aficiones ni trabajo. A partir de ese día beber es tu única ocupación. A jornada completa. La primera vez que lo haces, al día siguiente te quema la garganta y te rechinan los dientes. El malestar que sientes en el estómago y la cabeza hace que te den ganas de vomitar. Para no hacerlo echas otro trago. Y otro más.
Ya no es divertido. Ni siquiera te ríes. Y quitas los espejos del salón para no verte la cara cuando estás borracho. Te das pena. Y no te puedes engañar. Nunca más te vas a poder engañar.
“Clean, the cleanest I´ve been, you know what I mean…”
(Limpio, lo más limpio que he estado, sabes lo que significa…)
Depeche Mode, “Clean”
La primera vez que pasé por la puerta de un centro fue por probar. Realmente no creía que me hiciera falta, pero estaba harto de los comentarios de mi madre y de algún viejo amigo que me quedaba. Cada vez que veía a alguien por la calle me decían que tenía mal aspecto. Que si me pasaba algo. Inmediatamente te venían los pensamientos a la mente: Qué cabrones, si estoy hecho polvo, a ti qué te importa, es mi vida, no le pido nada a nadie…Llegó un día en que se me agotaron la excusas y fui a un centro a mirar qué podían hacer por mí. Medicación por un tubo (gotas, ansiolíticos, antidepresivos…Geniales para combinarlos con más priva), grupos de terapia, entrevistas con psicólogos, talleres…Me servían durante un tiempo. El problema estaba en que cuando me preguntaban si echaba de menos una cerveza y les decía que no, se
quedaban tranquilos. Y era verdad, yo no echaba de menos una cerveza. Yo lo que echaba de menos era pillar una cogorza de tamaño familiar y olvidarme de la vida tan aburrida y agobiante que llevaba. Y yo me volvía a emborrachar cada cierto tiempo. Sin motivo aparente. Porque sí. Y cuando me preguntaban qué había fallado yo no sabía qué contestar. Hoy sí que lo sé. Debería haberles contado que tenía un pensamiento atrancado en mi cabeza: Te echo de menos, botella. No me abandones nunca y yo no te dejaré a ti. Mi mujer, mi vida, mi familia. Lo eres todo para mí.
¿Cómo explico yo esto en un centro? ¿Cómo le hablo de esto a un psicólogo por muy clínico que sea? ¿A un médico que te ve diez minutos en una cita? ¿A mi pobre madre que llora cada vez que me ve hundirme en la miseria y apagarme poco a poco?
Esto ya no es vida. Ya no tiene gracia. Dejó de ser divertido hace tiempo, pero ahora ya no puedo salir de aquí. Hay quien dice que hay luz al final del túnel. Yo de momento no veo ni el túnel.
“Why can't we not be sober? I just want to start this over. Why can't we drink forever. I just want to start this over.”
(¿Por que no podemos estar sobrios? Solo quiero empezar esto de nuevo
¿Por que no podemos beber por siempre? Solo quiero empezar las cosas de nuevo)
Tool, “Sober”
Hoy soy otra persona. Ni mejor ni peor, tan solo diferente. Creo en mí mismo, confío en quien soy. No necesito ninguna mentira ni escondite para reconocer que me he equivocado, que me sigo equivocando.
Llegué a un lugar donde me escucharon. Donde me dejaron elegir. Donde me hicieron de espejo y me ayudaron a entenderme, a respetarme, a quererme, a perdonarme. A pedir perdón. A recuperar mi dignidad. A descubrir que mis debilidades son lo que me hace más fuerte. A permitirme un segundo de duda. A reconocer mis ansiedades. A echar de menos quien fui. A decirle adiós para siempre.
Nunca se puede empezar de nuevo. No puedo olvidar, no debo olvidar. En el fondo de mi corazón y mi alma me he sentido en paz. Eso debe ser bastante para no volver a caer. Para encontrar mi camino y ser feliz. Sentirme feliz.
Me ha costado un mundo llegar hasta aquí. Cada día de mi nueva vida doy gracias por disfrutar de un nuevo día fresco y en seco. Los días buenos, los regulares, los malos, los asquerosos, los maravillosos. Los momentos del amor y los de la rabia. Siempre en
seco. La vida fresco sabe diferente. Es muy difícil, eso sí. Pero más difícil es la otra vida.
Hoy tan solo soy una persona. Yo.

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