domingo, 8 de marzo de 2009

TORMENTA

De pequeño me fascinaba el mar. Para mí que estaba vivo, siempre en movimiento, siempre impredecible. Me gustaba ponerme en la orilla y que me arrastraran las olas por la orilla. Adoraba el puerto, sentarme en los espigones y con las piernas colgando ver entrar los barcos por la bocana.Pero sobre todas las cosas adoraba ver las tormentas enla orilla de la playa. Mi madre siempre me ha dicho que soy un enfermo, que no es normal lo mío. Pero es que cuando escucho un trueno salgo disparado hacia mi dormitorio y me calzo las zapatillas de deporte, voy corriendo por el paseo y llego hasta la orilla de la playa de Poniente. Y ahí me quedo mirando fijamente esperando que caiga. Y llega el rayo que parte en dos el mar Mediterráneo, y crea un espectáculo natural donde la luz desborda mi capacidad de visión, donde los truenos retumban alrededor tuya, encima tuya, por todas partes, donde los colores son más intensos y ser convierten en un universo verdeazul. Donde tú eres un ser minúsculo. Y es ahí cuando empiezas a gritar. De alegría, de gozo, de disfrutar por estar chorreando de agua y no saber cuánta es de la lluvia y cuánta del mar. Y gritas por tener el privilegio de vivir en Motril. Y por estar vivo. Y por saber en ese mismo momento que estas vivo. Como el mar.

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