domingo, 8 de marzo de 2009

Laberinto

Siempre me gustaron las bibliotecas. Para mi gusto tienen todo lo necesario para ser feliz: silencios absolutos y respetuosos(tan difícil de conseguir en la vida cotidiana de estos días extraños nuestros), nadie que te mire directamente a los ojos con intención intimidatoria o pretenda demostrar lo fuerte y bravucón que es(algo que por mi condición endeble y ciertos problemas de dioptrías he sufrido desde muy pequeño), ninguna humillación por mi incapacidad para la actividad física(también han sido habituales en mi vida los comentarios de blando y torpe) y ,para hablar también en términos positivos, todo un mundo( o mejor dicho, varios universos) que viven en mi imaginación.

Yo he visto cosas que vosotros, mortales no podéis imaginar; he viajado por países y planetas que la mayoría ni conocéis por el nombre, he hecho travesías larguísimas por todos los océanos, me he enfrentado a furiosos huracanes, tormentas en mar abierto, naufragios, motines a bordo que me han obligado a jugarme mi vida o mi alimento a la pajita más corta, he visto todas las posibles bestias marinas y terrestres por todos los mundos posibles( y también pro los imposibles).

He tenido los mejores aprendizajes, he estudiado Historia en Atenas y Roma, Teología en Jerusalén, Matemáticas en Mileto, Filosofía en Frankfurt, Literatura en Buenos Aires, Navegación en el Caribe, Astronomía en Tycho. He tenido los mejores profesores, he disfrutado de Platón, Suetonio, Montanelli, Casaldáliga, Pascal, Adorno, Haberlas, Borges, Bioy Casares y tantos más que me han ayudado a crecer y conocer.

He dado otra vuelta de tuerca a mi fantasía para creer en fantasmas, he buscado el tiempo perdido para imaginarme una magdalena; me he fugado de una prisión para vengarme, dejarme arrastrar por el rencor y después encontrar la futilidad de obrar solo para dañar a los otros; he creado una religión de amor y paz para morir cruelmente en su nombre y ser tratado como un hereje; he creado un superhombre y he visto la destrucción que ha provocado mi pensamiento distorsionado; he vomitado frente a la crueldad humana contra su semejante; me he enfrentado a la multitud que pretendía linchar a unos niños por el hecho de ser de otro credo diferente (pero igual).

He reído frente al absurdo de la magia baol y descifrado jeroglíficos para salvar la tierra, he llorado frente al dolor profundo de un padre que muere por sus hijas y que lo hace acompañado de un joven desconocido, he sido corsario y caballero en el mar Caribe, he pertenecido a una célula anarquista y llevado a cabo un secuestro en nombre de la libertad(que contradicción), he luchado por la paz en mil y una guerras de todas las épocas(mas contradictorio aún que lo anterior).

Me he leído libros que sólo yo conozco en ese edificio feo y gris por fuera que dentro tiene todas las luces y los colores. He sido el único en buscar el anillo antes de que fuera imagen y en llegar al final de una historia interminable, y cuando repetí sólo mi sello estaba de nuevo en la primera página. Bebí del río de la inmortalidad y con asombro creí que Judas podía ser el auténtico hijo de Dios y quise sacarlo fuera de la historia universal de la infamia.

Creo que sería incapaz de quedarme con un solo libro, espero no tener nunca que decidir. A pesar de eso sí he sido capaz de elegir un tomo al azar y leerlo hasta el final, porque todos estos tesoros a veces parecen ser islas desiertas y tienes que creer en ellos para que al final te den una recompensa.

Ahora veo que cada vez hay menos libros con hojas blancas y más con el amarillo del tiempo. Cada vez me tropiezo con menos personas por los pasillos buscando su misterio, a veces hay muchas sentadas con sus aburridos apuntes fotocopiados. Por suerte esas rachas son cortas y tan solo aparecen tres veces al año. Ellos se lo pierden, que se queden con su Internet y sus videojuegos. A mis 35 años siempre preferiré imaginarme mis aliados, adversarios, contrincantes, amigos, amantes…que ver su imagen fría e impersonal en una pantalla. Sus nombres, sus voces, sus rostros imaginados ya forman parte de mi vida.

Cuando tenga hijos les leeré cada noche 10 páginas de las mejores novelas de aventuras. Aunque no sepan descifrar lo que les cuento. Ya lo entenderán algún día.

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