Un día bajé al Infierno, y nadie me guió. Fui porque quise, fue mi decisión, yo elegí ir, nadie me obligó. Pero no me esperaba lo que vi. Tullidos, enfermos, con las caras y los brazos cortados de navajazos, sucios, malolientes, tirados por el suelo, caminando descalzos, tuberculosos, con parásitos en el cabello, humillados y vejados, utilizados de cualquier manera por una gente más fuerte que ellos, depojados de toda humanidad, convertidos en animales...La corrupción de los protectores convertidos en los abusadores, en los que le ponen precio a todo y deciden quién merece vivir y quién arrastrarse por el suelo...
Nadie me preparó para lo que vi. Ningún ser humano nacido de una madre debería pasar por esto. Por el Infierno de San Juan de Lurigancho.
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