sábado, 6 de diciembre de 2008

Verdades como puñetazos de sentimientos II

Yo nunca dije que quería irme, jamás pensé en rendirme. Sentí miedo a quedarme solo, Dios y mi hermano lo saben. También suspiré de alivio al terminar mi tortura.
Ahora lo veo como una bendición, un privilegio, el lujo de reconocer la parte sucia de mí.

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