miércoles, 31 de diciembre de 2008

Niños perdidos IV

Ayer a uno de los niños perdidos se le murió el padre. Era un señor al que no llegó nunca a conocer, tan solo despueés de mucho esfuerzo llegó a aceptarlo y con mucho trabajo llego a respetarlo. Era lo más que había podido hacer en muchos años de dudas, de preguntas sin respuesta, de noches pensando en algo que no tenía explicación.
Ese señor murió, y viajamos a un lugar frío y seco para acompañara a nuestro compañero niño perdido en esta última etapa. Y el niño se dio cuenta de que tenía muchos sentimientos enfrentados, que le dolía lo que no había tenido nuna, que echaba de menos a alguien al que no conocía, que temía convertirse en aquello que estaba muerto en un ataud. Y lloraba. Y no sentía consuelo en su interior. Tan solo más preguntas sin respuesta y mucho dolor.
Los otros niños perdidos le arropamos, le acompañamos al cementerio, le ayudamos a portar la caja y dejarla en su nicho. Y le dimos cariño y calor y apoyo y ayuda,y esperanza. Le dimos el aliento de los hombres que fuimos niños perdidos y descubrimos que el día que se muere ese señor es el día que te quedas definitivamente en paz. Tranquilo en tu interior. Aunque duele mucho. Y eso no te lo puede explicar nadie. Porque no es de la cabeza. ES DEL CORAZÓN.

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