domingo, 14 de diciembre de 2008

Niño perdido V

El otro día me reencontré con un niño perdido por la calle. Le abracé, le besé en la mejilla, le miré a los ojos y estaban tristes, vacíos, sin brillo, sin vida. Su aliento era frío, su gesto era adusto, no me devolvió el abrazo ni el beso. Me contó una historia sobre la vida que llevaba y noté que no había cambiado de manera de hablar y que no quería mostrarse débil por hablar de una vida tan dura e injusta como la que había llevado.
Le volví a besar al irme y le di un abrazo muy fuerte. Le invité a comer juntos el día que él quisiera.
Tan solo para volver a contarme su historia. Porque su historia es como la mía. Como la de los demás niños. Triste y muy dura.

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