Puede que tan solo te haga falta imaginar qué edad tengo (aunque tengo que decirte que soy más joven de lo que te crees y que llevo así marcadas en mi cara las señales de la calle y la dureza de la supervivencia a la que a veces se limita mi vida), cuánto tiempo llevo en esta vida y qué futuro (eso si que es una ironía, esta vida que yo llevo no tiene futuro y yo no me puedo engañar con fantasías de libertad y placer ni falsas promesas acerca de cómo puedo salir de aquí ) me espera en esta vida. Mi vida es ya una caída libre, todavía no he encontrado el fondo pero sé que caigo. Y duele, no veas cómo duele caer.
Quizás no te lo creas pero yo no elegí esto. No me voy a excusar con mi familia ni con la mala bestia de mi padre ni con el barrio que me ha tocado para crecer y vivir ni con los golpes, las palizas, los insultos, las huidas, los regresos a las palizas, las detenciones, las agresiones, las violaciones…Quizás no te lo creas pero nunca fue algo premeditado. Quizás no te interese saberlo pero yo también creía poder tener una vida normal, con un trabajo normal, con alguien que me quisiera de verdad y no solo que me usara y tirara como si fuera un trapo…Pero no sabría decirte cuándo todo se torció. Sí sé que la culpa es mía, que el único responsable soy yo, que soy yo el que debe decidir y elijo esto porque…no sé por qué, pero sí sé que soy tan cobarde que ya no soy capaz de elegir otra cosa y tan solo quiero cada cierto tiempo algo que me haga olvidarme de la vida que llevo.
Tengo que decirte que tus palabras me hieren y que lo que piensas sobre mi me daña como no te puedes ni imaginar. Pero más me daña saber que son peores las heridas que yo me he provocado, las personas a las que he destrozado la vida y que son a las que más quiero y menos sé demostrarles lo que las quiero, más me daña saber que el peor maltrato es esta muerte que yo compro poco a poco y que me va comiendo por dentro como un parásito que yo mismo introduzco en mi cuerpo.
Porque eso sí que te lo quiero decir. A mí no me gusta esta vida. A mí no me gusta ocultar mi cara y no poder mirar a los demás a los ojos. A mí no me gusta tener que recurrir a paraísos artificiales en busca de un poco de paz sabiendo que todo es mentira. A mí no me gusta ser un esclavo de nadie y tener que callarme, vivir con miedo todos los días, todas las horas del día sin saber si alguien querrá hacerme daño o no, si alguien querrá destruirme o no, si hay alguien que se pase con lo que era un “juego” y el precio sea mi vida. Porque eso sí me queda todavía por perder, la vida. Sé que la dignidad, el orgullo y el amor propio se han quedado en alguna cuneta de la carretera y que será muy difícil que los pueda recuperar. O que nunca voy a olvidar todas las cicatrices que tengo, en mi cuerpo y en mi cara, en mi corazón y en mi alma. Porque yo también soy como tú, yo tengo corazón y alma, tengo de todo eso y para mi desgracia a veces es lo que más me duele, mucho más que los golpes y los abusos. Me duele ser así, me duele no saber cambiar, me duele no poder cambiar, me duele no saber si quiero o no cambiar, me duele la vergüenza de que me veas por la calle, me duele saber lo que piensas de mí, me duele que puedas tener razón sobre mí, me duelen los fracasos, me duele hasta el aliento en ocasiones y lo único que quiero es que me deje de doler.
Y ni siquiera me gustan las drogas. Ya no.