miércoles, 31 de diciembre de 2008

Niños perdidos IV

Ayer a uno de los niños perdidos se le murió el padre. Era un señor al que no llegó nunca a conocer, tan solo despueés de mucho esfuerzo llegó a aceptarlo y con mucho trabajo llego a respetarlo. Era lo más que había podido hacer en muchos años de dudas, de preguntas sin respuesta, de noches pensando en algo que no tenía explicación.
Ese señor murió, y viajamos a un lugar frío y seco para acompañara a nuestro compañero niño perdido en esta última etapa. Y el niño se dio cuenta de que tenía muchos sentimientos enfrentados, que le dolía lo que no había tenido nuna, que echaba de menos a alguien al que no conocía, que temía convertirse en aquello que estaba muerto en un ataud. Y lloraba. Y no sentía consuelo en su interior. Tan solo más preguntas sin respuesta y mucho dolor.
Los otros niños perdidos le arropamos, le acompañamos al cementerio, le ayudamos a portar la caja y dejarla en su nicho. Y le dimos cariño y calor y apoyo y ayuda,y esperanza. Le dimos el aliento de los hombres que fuimos niños perdidos y descubrimos que el día que se muere ese señor es el día que te quedas definitivamente en paz. Tranquilo en tu interior. Aunque duele mucho. Y eso no te lo puede explicar nadie. Porque no es de la cabeza. ES DEL CORAZÓN.

Ética III

Hubo un hombre que decia ser musulman y que se comía las judias con jamón apartando el jamón, la paella con cerdo apartando el cerdo, el cocido madrileño apartando el chorizo...Porque el Corán no decía explicitamente que no se debía dejar de comer aquellas cosas que estuvieran cocinadas con cerdo sino tan sólo la carne del animal impuro. Decía el hombre musulmán.
Eso sí: la fabada con tocino le ofendía en su religión, era un choque cultural, una falta de respeto y una demostración de etnocentrismo cristiano. Y de ninguna manera significaba que no le gustaran las judías. Eso no tenía nada que ver.
Tenía un Máster hecho en "Cómo convertir los conflictos de intereses en conflictos de valores".

Verdades como puñetazos de sentimientos VI: Rencor

¿Por qué es malo sentir rencor?¿Qué nos lo prohíbe?¿La Biblia?¿el Corán?¿la Cábala? ¿Es que no nos podemos permitir por un minuto el privilegio de no perdonar, de no olvidar, de no ceder?¿Por qué nos excusamos al hablar con un "No siento rencor"?¿Entonces qué es lo que sientes?¿Y cómo tienes tan claro lo que no sientes y no nos explicas lo que sí?¿Es que prefieres ocultarlo? ¿Te estás defendiendo?
"Tengo la conciencia tranquila" es la mejor manera de demostrar que algo me remuerde en mi interior, que una garra invisible me agarra las tripas y me araña como un gato en un saco. Y eso es el rencor. Me guste o no me guste.

Héroes

¿Es que no tienes corazón? ¿Es que no eres capaz de mirar a tu alrededor?¿Es que no eres suficientemente humano como ver el sufrimiento ajeno? Si la norma está por encima del cariño a los demás, si no eres lo suficientemente hombre para escuchar al otro y compartir su dolor, darle ánimos, respetarle sus miedos, darle una oportunidad de cambiar...
Entonces tú lo que eres es un don Nadie. Peor que el más miserable de los yonkis.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Héroes

Tiene que ser difícil ser como tú. Yo hace años que no me lo planteo. Tener una mujer, quererla, cuidarla, pasear con ella cogidos de la mano. Ir con mi hijo a un parque, enseñarle a montar en bicicleta, darle un abrazo, explicarle cómo se juega al fútbol. Tener un trabajo, levantarme por las mañanas, madrugar cuando hiciera falta, esforzarme por algo más que por mí mismo.
Pero ya no. Ya no puedo soñar con eso. Ya no puedo tener la ilusión de una vida "normal", no me sirve esa fantasía para coger fuerzas cada día y luchar.
Porque yo ya no lucho. Yo me rendí hace mucho tiempo. Hace ya años que dejé de esforzarme y pelear por ser una persona. Hace años que mi vida es la de un animal, tirado en la calle, luchando por una migaja, por un despojo de algo que se parece a la basura más que a la comida, buscando algo que me haga evadirme de la mierda de vida que estoy llevando.
Porque esto hace mucho tiempo que dejó de ser vida. Es más fácil así. Es sencillo arrastrarse cuando no te quedan sentimientos ni familia, cuano no tienes esperanzas ni ilusiones, cuando no te hace falta más que cerrar los ojos porque no te escuchas ni tu propio corazón.
Cuando la dignidad se queda en la casa, como la chaqueta. Colgada en el perchero.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Héroes

La nieve cae en la Avenida de la Constitución al salir de los Juzgados de la Caleta. El señor magistrado ha tenido mucho arte al describir mi obra como una “pintura de Modigliani” hecha con una navaja en la cara del otro chaval. Otra condena más a un programa de Prevención de consumo de drogas, otro tiempo en libertad vigilada, otra vez bajo custodia de los padres torpes que me han tocado en la lotería de los padres, otro tiempo de fines de semana en casa, otro psicólogo, otra educadora, otro Programa de Garantía Social (¡qué bonito nombre para mi escuela de delincuencia!) al que me obligan a ir…

Por lo menos mi abogado era un tío majo. Es el único que ha sido capaz de decirme que estoy tirando mi vida por la borda. Me hace falta más gente así, que deje de darme palmaditas en la espalda o que me hable como si fueran raperos tartamudos. Tengo que cambiar. Y sólo tengo 16 años.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Ética III

¿Se puede cambiar? No lo sé.
¿Se debe cambiar? Sí, seguro.
¿Es necesario cambiar? Sí, por favor.
¿Puedo pedir a los demás que cambien? No, nunca.
¿A quién puedo pedir que cambie entonces?
A mí. Tan sólo a mí mismo.

Niño perdido V

El otro día me reencontré con un niño perdido por la calle. Le abracé, le besé en la mejilla, le miré a los ojos y estaban tristes, vacíos, sin brillo, sin vida. Su aliento era frío, su gesto era adusto, no me devolvió el abrazo ni el beso. Me contó una historia sobre la vida que llevaba y noté que no había cambiado de manera de hablar y que no quería mostrarse débil por hablar de una vida tan dura e injusta como la que había llevado.
Le volví a besar al irme y le di un abrazo muy fuerte. Le invité a comer juntos el día que él quisiera.
Tan solo para volver a contarme su historia. Porque su historia es como la mía. Como la de los demás niños. Triste y muy dura.

Niños perdidos IV

Niño perdido es no sentir, no llorar, no mostrar debilidad, no pedir perdón, no querer a nadie más que a tu propia persona, no mostrar fisuras a los demás.
¿Es posible ser feliz y seguir siendo un niño perdido?

sábado, 13 de diciembre de 2008

Ética II

He tenido la fortuna de ver a personas dándose a otras personas, entregando su afecto sin esperar nada a cambio, sintiendo la frustración de la mentira,el abandono y la traición, resignándose a seguir luchando, peleando por su vida o por la vida de otro que no sabe si quiere vivir o no. Y no han presumido de ser buenos cristianos. De hecho, algunos ni siquiera eran cristianos.
He tenido la desgracia de escuchar a cristianos de fe profunda cómo se colocan en posición de superioridad moral con otras personas, de obligar a las personas a conocer los Evangelios, a imponer su fe a quien no quiere que le hables de fe.
Un gran psiquiatra dice que hay que ayudar a los cristianos. Para él, todos somos cristianos aunque no creamos. Aunque él tampoco haga proselitismo de su fe.
Yo tengo claro de parte de quién estoy. Ayudemos a los cristianos. Aunque yo no sea creyente.

Niños perdidos III

Un niño perdido perdío una hija. La dejó en manos equivocadas, siguió senderos que no llegaban a destino, envió cartas, pidió informes, lloró, suplicó, malgastó dinero en buscar cariños que no eran su hija.
Un día se despertó diciéndose que solo quería a su hija y que iba a hacer lo que fuera necesario por abrazarla, besarla, quererla y cuidarla. Que ya no quería más drogas ni más dinero. que solo quería a su hija. Y cada vez que leía el nombre de la niña en un papel lloraba. Y ahora llora cada vez que la niña le llama papá.

Verdades como puñetazos de sentimientos V: Dignidad

Hoy un hombre me ha recordado en qué consiste la dignidad:
hubo un día que ese hombre necesitaba que otro hombre le hiciera una caricia, un gesto amable, una muestra de cariño. No había deseo sexual, ni había confusión entre los dos. Tan solo el afecto puro, sincero y leal de dos hombres que compartían y comparten una esperanza. Y los dos hombres se ruborizaron en su momento y se han reído hoy al recordarlo. Y para los dos era un gran día.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Ética I

Mi moral es saber cuándo callar, cuándo decir "no sé", cuándo opinar, cuándo perdonar, cuándo pedir perdón, cuándo hacer callar...
Mi ética es aprender cómo callar, enseñar cómo decir "no sé", cómo opinar, cómo perdonar, cómo pedir perdón, cómo hacer callar..
Es una pena la forma en que se ha banalizado el dar las gracias. Gracias sólo se deberían dar el último día.

Niños perdidos II

Recuperar la ilusión y el miedo, la incertidumbre, el asombro, la pena, el dolor, la alegría, el enfado, la capacidad de descubrir e inventar, el amor verdadero y sincero...
Ser niño-adulto de lágrima fácil, sonrisa amplia y sudor permanente.

Niños perdidos I

Yo fui un niño perdido, olvidado, abandonado, humillado, dañado, herido, odiado, temido, rechazado, amenazado, dolido, furioso...Yo soy un niño perdido y encontrado.

Verdades como puñetazos de sentimientos IV: Orgullo

Orgulloso de no saber, de no reconocer una cara, de olvidar un dato, de borrar un documento, de quemar una agenda en la chimenea, de hacer leña con un mueble viejo y caro, de comprarme ropa barata. Mi orgullo es querer a la mejor mujer del mundo.
El resto me sobra.

Verdades como puñetazos de sentimientos III

No me avergüenzo de quién soy, no echo de menos quién fui, no necesito recordar quién no quiero ser, no me hace falta añorar quién pude ser.
Supongo que esto es lo que me hace sentirme libre otra vez con la fiereza de siempre.

Verdades como puñetazos de sentimientos II

Yo nunca dije que quería irme, jamás pensé en rendirme. Sentí miedo a quedarme solo, Dios y mi hermano lo saben. También suspiré de alivio al terminar mi tortura.
Ahora lo veo como una bendición, un privilegio, el lujo de reconocer la parte sucia de mí.

Verdades como puñetazos de sentimientos I

No puedo dejar de pensar que mi error fue dejar de sentir. No puedo evitar saborear lo amargo de cada derrota como un triunfo de mis sentimientos. No me quiero contener al sentir el sabor salado de la sangre en mi boca, incluso de mi propia y adorada sangre. Es genial sentirse liberado de los viejos prejuicios y descubrir que lo mejor que hay en tí es la parte más sucia de tu ser y tu alma. Y no me avergüenzo de ella. Ya no.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Héroes

Quizás te creas mejor que yo cuando me ves por la calle buscándome la vida, mirando hacia el suelo para no pasar la vergüenza de que nadie me reconozca y me llame por mi nombre. Quizás te creas moralmente superior a mí cuando me veas drogarme y beber en la calle para no sufrir la inmensa humillación de tener que arrastrarme y someterme a los deseos y apetencias de cualquiera por un puñado de billetes. Quizás te imagines que me gusta tener que hacerlo y que en realidad soy un enfermo o un vicioso y esa sea la única explicación que tú necesitas para en tu mente pequeña y reducida comprender mis motivos para llevar esta porquería de vida que llevo.

Puede que tan solo te haga falta imaginar qué edad tengo (aunque tengo que decirte que soy más joven de lo que te crees y que llevo así marcadas en mi cara las señales de la calle y la dureza de la supervivencia a la que a veces se limita mi vida), cuánto tiempo llevo en esta vida y qué futuro (eso si que es una ironía, esta vida que yo llevo no tiene futuro y yo no me puedo engañar con fantasías de libertad y placer ni falsas promesas acerca de cómo puedo salir de aquí ) me espera en esta vida. Mi vida es ya una caída libre, todavía no he encontrado el fondo pero sé que caigo. Y duele, no veas cómo duele caer.

Quizás no te lo creas pero yo no elegí esto. No me voy a excusar con mi familia ni con la mala bestia de mi padre ni con el barrio que me ha tocado para crecer y vivir ni con los golpes, las palizas, los insultos, las huidas, los regresos a las palizas, las detenciones, las agresiones, las violaciones…Quizás no te lo creas pero nunca fue algo premeditado. Quizás no te interese saberlo pero yo también creía poder tener una vida normal, con un trabajo normal, con alguien que me quisiera de verdad y no solo que me usara y tirara como si fuera un trapo…Pero no sabría decirte cuándo todo se torció. Sí sé que la culpa es mía, que el único responsable soy yo, que soy yo el que debe decidir y elijo esto porque…no sé por qué, pero sí sé que soy tan cobarde que ya no soy capaz de elegir otra cosa y tan solo quiero cada cierto tiempo algo que me haga olvidarme de la vida que llevo.

Tengo que decirte que tus palabras me hieren y que lo que piensas sobre mi me daña como no te puedes ni imaginar. Pero más me daña saber que son peores las heridas que yo me he provocado, las personas a las que he destrozado la vida y que son a las que más quiero y menos sé demostrarles lo que las quiero, más me daña saber que el peor maltrato es esta muerte que yo compro poco a poco y que me va comiendo por dentro como un parásito que yo mismo introduzco en mi cuerpo.

Porque eso sí que te lo quiero decir. A mí no me gusta esta vida. A mí no me gusta ocultar mi cara y no poder mirar a los demás a los ojos. A mí no me gusta tener que recurrir a paraísos artificiales en busca de un poco de paz sabiendo que todo es mentira. A mí no me gusta ser un esclavo de nadie y tener que callarme, vivir con miedo todos los días, todas las horas del día sin saber si alguien querrá hacerme daño o no, si alguien querrá destruirme o no, si hay alguien que se pase con lo que era un “juego” y el precio sea mi vida. Porque eso sí me queda todavía por perder, la vida. Sé que la dignidad, el orgullo y el amor propio se han quedado en alguna cuneta de la carretera y que será muy difícil que los pueda recuperar. O que nunca voy a olvidar todas las cicatrices que tengo, en mi cuerpo y en mi cara, en mi corazón y en mi alma. Porque yo también soy como tú, yo tengo corazón y alma, tengo de todo eso y para mi desgracia a veces es lo que más me duele, mucho más que los golpes y los abusos. Me duele ser así, me duele no saber cambiar, me duele no poder cambiar, me duele no saber si quiero o no cambiar, me duele la vergüenza de que me veas por la calle, me duele saber lo que piensas de mí, me duele que puedas tener razón sobre mí, me duelen los fracasos, me duele hasta el aliento en ocasiones y lo único que quiero es que me deje de doler.

Y ni siquiera me gustan las drogas. Ya no.